Me siento en el acantilado
triste o con esperanza,
-no sé-,
pienso en amores pasados,
pienso en mí mismo
y el silencio envuelve la piel (...)
Te espero sin saber que espero,
maldita libertad que adoro;
mayo es el tesoro de una primavera
de soledad y abandono.
Me siento a tu lado y nuestra sombra
es el tiempo que se apoya en el hombro
como un ave en la rama del ciprés.
No sé bien qué quiero,
pero sé que en el camino sin rumbo
nuestro destino
abrirá trincheras,
las olas que mueren y renacen,
envuelven
a la vida,
como la locura que sentí
entre la espuma y la sal,
esa que estalló con violencia
en mis párpados,
lumbre de los días de mayo
en los que quiero ser feliz
aunque no entienda bien
para que sirve la felicidad.


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