Un horizonte manchado de ti,
lágrima de plomo se deliza
por mis mejillas,
y aunque se dobla la vida
y no se llega a romper
tú fuiste la mayor verdad
que hirió
entre tanta mentira.
Un horizonte que se alarga
al caminar
y abre témpanos de oro
en esta guarida
donde se esconde
el castigo y la libertad
en la que nada es tan difícil
como absurdo
que escribir
desde la nada al vacío
en una estación
de oportunidades pasadas
llamada;
poesía.
Unos labios manchados de jazmín
en el jardín desnudo
de nuestra despedida,
tú fuiste silueta de niña que estudiaba
desde un atril
un mundo muerto que centelleaba
en nuestros cuerpos
tras mi corazón de lobo sediento
que a pesar del dolor
por ti moría.
Un roto en el destino,
claro de nubes en los ojos ciegos,
una muerte que resucita lo vivido,
y un horizonte manchado de ti...
que se desprende de lo amado
para entregarse por la luz
y la sombra
que fue nuestro tiempo
de aquello
que no supimos sentir

