Después de dar una vuelta al planeta
el universo se le quedaba pequeño
al viajero que le escribe en su libreta
a aquella camarera
de la pensión donde duermen
los gritos, la ceniza,
la traición y los celos.
"Libre quiero ser libre",
gritaba el silencio de ella,
pero la libertad es un pozo oscuro
que da miedo
aunque la luz del mundo se esconda
en su profundidad
porque para mirar las estrellas
es preciso lo que hay bajo el cielo.
Y él tan cobarde como egoísta
se marchó,
manchadas las manos
de la pintura invisible
de los sueños aciagos,
acarició un imposible
pero se marchó,
y ella sirviendo fugacidad
con la espera sin esperanza
siguió en el mismo bar
tantos y tantos milenios.


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