sábado, 19 de enero de 2019

sábado, 29 de diciembre de 2018

Casas de barro


Casas de barro,
corazón de metal,
sonrisa de luz.

África palpita en un sueño despierto,
o pesadilla
de ave azul, 
vi niños descalzos 
que cargaban a sus espaldas
la cruz del mundo, 
y me daban las gracias, 
vi dunas de arena, ciudades abandonadas, 
cometa herido, 
grito de cañones sedientos, 
cascadas de la sed de dios, 
ojos de poesía en hombres ciegos, 
tribus cambiando maíz
por la esencia del universo, 
hallazgo
y cuatro personas que diferentes, 
fueron destello de bondad.

Ardían las estrellas fugaces
en atardecer sin fin, 
tenemos los relojes,
pero los africanos tienen el tiempo, 
tenemos los objetos 
pero los africanos tienen el nombre
de las cosas, 
y en un viaje
las venas del hombre antiguo
fue explorar el desierto
con ojos que abrieron
la respuesta de mil batallas.

Casas de barro,
corazón de metal,
sonrisa de luz.


Princesa Himba


No sé muy bien
cómo te llamarías en mi mundo,
ese de facturas, tráfico, ansiedad,
solo sé princesa himba
de ojos abiertos,
de pupilas de ceniza,
volcán de la edad primera de la luz,
que guardo aunque no lo sepas,
el palpito de ti, de tu pueblo digno,
frágil,
inquebrantable,
en la maldita contradicción
de aviones que me dan comida y mantas.

En una calle de Madrid nadie responde,
lo bello es lo simple,
y la simpleza de lo complejo
mi realidad,
tu piel sería nuestra fuga
entre globos, ollas vacías, cabañas dignas
y un paraíso lejano.

Princesa himba.




No sé nada de ti


Hace demasiado tiempo
que no sé de ti,
la muerte tiene guantes de seda,
y aunque te espero,
y a pesar de que no vengas,
cielos sin estrellas
me hablan de lo que dejaste en mí.

Te podrán decir
que he sufrido,
pero nunca que cambié,
sigo dibujando tu rostro
en la arena del tiempo.
Mientras te miro se acaba lo que no tengo,
todas las lunas huérfanas me hablan
de lo que perdí.

Como un anuncio
de la tristeza que no es real,
como el afán del vacío...
como la soledad,
hace demasiado tiempo que no sé nada de ti,
este ave tiene alas abiertas,
espejos rotos
y la fe del olvido
da presagio a aquello que nunca fue
ni será.

Tú besarás, vomitarás sangrantes venas,
fiera noche,
madrugada sin mayor alma
que lo que no nos corresponde
una navidades apagadas,
estrella sin luz,
que da cobijo a nuestras espaldas,

hace tiempo que no sé de ti.


Ya no hay vuelta atrás


Ya no hay vuelta atrás,
ama a otro,
puedes marcharte,
las cortinas blancas
se confunden con la luz.
El daño está hecho,
recordarás por siempre
mi mirada de sonrisa triste.

No vale la pena,
retrocede,
y quítate el despojo del recuerdo,
como astillas
en un hoguera de fuego fatuo,
caballeros besarán con temor
la primera vez,
para luego (puede ser)
dar ordenes a tu alma.
Mi patria es el mundo,
dios sabe que probar el agua salada
de la otra orilla
hizo de mí
corsario de soñarte en el silencio.

Ya no hay vuelta atrás.
quédate en otras piernas,
desordena cajones,
qué decir...
llama a números desconocidos
que te aúllan,
el pájaro de la libertad
mira triste y enfurecido
a la paz que anhelo,
esa que sé bien
se deposita
en tus parpados.


Cuando llegué a la ciudad


Cuando llegué a la ciudad los fantasmas barruntaban olvido. Pieles rojas y ordenadores chirriando. Cuando llegué a la ciudad mi sueño era crecer y la noche balanceaba la mano del quién sabe. Cuando llegué a la ciudad todo era mandato y nadie obedecía sus propias órdenes, la ciudad era maremoto de antorchas hirientes, mujeres desnudas que santiguaban el riptus del pesar eterno.
Cuando llegué a la ciudad la soledad era cada compañía, ambientada en escenarios de ambición, enfermedad, llegué con una rosa cortada en la tempestad; se abrió la puerta mientras ella se fue con alguien, muy parecido a su miedo.

Tenía 18, y el mundo era mío, tanto que la tierra no asimilaba tanto desprecio por mi parte, llegué encendido, morí con una llama en la frente y voces de coral me dieron la extremaunción para crecer o para romper el cordón dorado de cada terremoto mío.

La ciudad era un embrión de pies tullidos que daba de mamar a otra gente sedienta, llegué con una pajarita de papel y un libro color de mis pestañas en el bolsillo, y ella (perdón por reincidir) se fue a tierra soñada, dejando el delta de su sexo como la promesa épica del desaparecido deseo.
Deseo que no desvanece, llegué facturando metales en cada aeropuerto, gritando enardecido por tormentos de oscuridad, con pavor pero temblando febrilmente y cada golondrino que salpullía el vientre de la razón removían una ciudad de rosales y cristal, de edredón plateado, de cercenada realeza en cada momento sin nadie, con todo, terriblemente libre.




viernes, 28 de diciembre de 2018

Gasolinera


De paso en gasolineras,
camareras de tréboles afilados
hacen de cada espera 
el despertar de ave que se desvanece
mientras besan.

Sórdidas mesas, 
ketchup desparramado, 
ventanas como rendijas, 
muerte de la noche
a cada trago.

Asisten a la estación de paso, 
muchachos sin dientes que rezan, 
sargentos que ordenan ejércitos invisibles, 
y cada vez de nuevo, se pierde
un sueño de primavera.
El sol eclipsó la luna
y la luna apagó cada estrella.