miércoles, 20 de junio de 2018

Resumiendo


Mucha gente se da por vencida,
piensa que el amor es mejor en la tele.

Mientras hay quien
se enamora
en el mismo instante
que te vi
viajando juntos en el avión
antes de estrellarnos.
Recuerdas?

Demasiada gente piensa
que el amor es más bello
en la vida de los demás.
Porque la existencia defrauda mucho,
demasiado,
debajo del subsuelo de la sonrisa de mi foto,
el día a día nos acribilla
por el tuyo, mío de Cupidos y caínes.

Y cogerte de la mano era achicar agua
a contracorriente.

El suicidio avisa
mirando al precipicio con los pies atados
mientras nuestro pasado insiste
en desabrocharnos las botas,
mucha gente piensa
que el amor es mejor en la página de sucesos,
aunque el mundo
está lleno de revolucionarios
caídos
cuya valentía sin duda,
es de lo poco que merece la pena.

Sabe más de amor el loco
que el recién casado,
y en un partido de fútbol me guiña un ojo
la mujer que bosteza junto a otro
mientras le saco a la vida
cuatro atajos de ventaja.



Pensamiento


Te pienso,
y las espinas del pasado
acribillan los pasos que voy dando.


Parece nada lo vivido


Parece nada lo vivido,
nadas en un mar de espinas
o cubres con el velo de quien no quiere ver
las promesas del primer amor
con otras esposas en las muñecas,
volaron las palomas
y la libertad
y la responsabilidad
mordieron el mismo cuello de una serpiente.

Todo se aleja pero te siento aquí
en un destello de ceguera,
humedeces los sueños
de ser todas las noches
paz de cuento de cuna
para encontrarte con la seca rutina
que pone grilletes en la tempestad
de aquello que no pasó
en mil y una noche de verano.

Parece nada lo vivido,
callas un deseo
y los mares se agitan,
el universo oye la voz del silencio
y envejece la fresca mañana
viajando de la Ciudad de los muertos
a Zurich,
mientras te atragantas
con fresas silvestres.

Parece nada lo vivido.



Entre un millón de estrellas


Se tiñó de ti,
paleta de colores a través de la ceguera
risueña
grieta por las dunas en el cuerpo
magullado,
caligrafía de las olas del alma,
que derramó la luz de la noche
en la boca donde nacen crisantemos
desde el cementerio de Venice.

Se tiño de nosotros dos,
deja que las vibraciones escriban;
suelta la mano
para amarrarte a mí
cuando se abran las ventanas
y las dianas de francotiradores
mueran circularmente
frente el sortilegio de hados valientes.

Se tiñó de mí,
de la lucha interna
de ser entre lunas que nunca serán,
tintinea el miedo a lo desconocido
sin conocer
que detrás de eso
queda la inmensidad
entre un millón de estrellas.


lunes, 18 de junio de 2018

Ser extraño


La sombra de la muerte es el rímel en el rostro de esa mujer cansada. Casada con el qué dirán. Siempre me ha perseguido el dolor, pero ese no es el problema, la cuestión es no saber ni cómo ni dónde buscar atajos. Un relámpago de sombra da a la intemperie, el aguijón en la guadaña de los santos dice que el amor siempre vence al odio, incluso al mismo amor, letargo de imposibles, edad eterna en esta breve estación de un año apenado. Y en el hilo de vida que da la inmensidad de la literatura quedo yo, resguardado en una letra sin saber bien su significado, arte de la ontología de la basura embalsamada de rosas silvestres.

Ser extraño entre muertos que respiran.


Ancha vida


La vida es un sueño perdido en la tarde de verano,
un poema de Córtazar,
la frase "la gente buena muere rápido
por eso hay que ser un poco hijo de puta"
pegada con celo en la puerta del refrigerador.

La vida es la niña escondida en el alma
de las prostitutas de Velluters,
es la saliva de dios en la yema de los dedos del ciego,
cantar para vencer a la muerte,
llorar en el hastío de las nubes que descargaron ansiedad,
valentía de caballeros sin armadura,
muerte de un poeta, locura tras lo que dice la gente
el día después.

La vida es un hospital con las puertas cerradas,
ombligos anchos,
gentío que es cobarde,
como la blasfemia a la emperatriz por la que aúllan los lobos,
quimera, edén,
utopía,
vida que no se alcanza ni viviéndola
porque somos metal dolorido, lágrima de un mono
encarcelado,
suburbio donde se apostilla a la anodina "felicidad".


Corona de laurel


Cuando el amor es una quimera,
rutina de ensuciar el alma en los arrabales del corazón,
llega la luna esquiva a encarar al sol por la ventana
y en una rosa muerta el rocío cubre la mañana
de lo que fuimos tú y yo.

Cuando todo es mentira, y los años no hacen más
que dar la razón a la vejez,
mis huellas son pasos a la deriva
de haber probado lo amargo y dulce de la muerte
sin haber muerto,
o tal vez,
no haya mayor desconsuelo que el vértigo de tu ombligo,
de tu boca que le besaron cuando aun no era el momento,
labios que son llaves de tan poca felicidad
de tanta fatiga recostada a tu lado,
y existencia que se volvió oscuro hado
del ojalá.

Cuando hay peligro de perder la razón
de tanto tenerla,
cuando se filtra en un grito
los cristales rotos que dejaron tus fiestas,
será que no cabe una verdad en la voz
que abarque el alma rota y quejumbrosa,
aunque maleable como una nube
en una corona de laurel
del dios del desamor.