El dolor de las decepciones
es el tenaz aroma
que invade esta mirada,
y puebla de nostalgia
los campos de la memoria
allí
por donde arrasó.
Es ese desaliento que toco
en las horas
que te abrazaron,
que se ven como salpullidos
a la verdad
carente de dulzura.
Pero los desengaños siguen
ahí, aunque corra,
llamándome tras el susurro
de un aire muerto,
en el nicho
de un desierto silencio,
tras cortinas de luz
de aquel tiempo que nos asaltó;
y al despertar
robó
la inocencia.

