Tu sonrisa ilumina mi tristeza,
música ardiente como latidos
de tu pecho,
y aunque la vida no es sólo poesía,
déjame vivir en esta fantasía
de estar vivo y ser consciente.
La vida sentida en el color robado
de la palestra
del cielo
si elegimos abrazar aquello que
vale la pena,
como la sensibilidad frágil
de que hayas sido la mujer más fuerte
del universo.
Y yo, habiendo coqueteado con el infinito
para regresar de mundo de los locos
en tránsito
al de los de sin corazón.

