domingo, 15 de abril de 2018

r Evolución


Y cuando todo parece el final
vuelve a girar la rueda,
cuando los ecos de un mañana
sin futuro
abren la puerta al destino
que nadie sabe pero hacia ti va.

Revolución
tus ojos mirando el mar,
eclipse de cristales rotos
en cada pupila,
antorcha de yemas aladas,
y cuando la revolución dicen, no es posible,
un chispazo de luz
vuelve a encender el alma.

Los miedos destellan en cada oscuridad,
en cada golpe de coherencia
demasiado estática.
Revolución es sentir tus manos
mientras tú estás solo tocando
en mitad de la noche
un arpa.

Y cuando todo parece el inicio,
nos engaña el arco iris,
tintinean las lágrimas de rocío
cada madrugada,
un mar de gente vaticina
que se cambia de época,
cansados de estar usados
y vuelve a evolucionar
los años perdidos sin protestar.




Lluvia



Arde en esta lluvia
de disparos que se dan por fuera
y queman el alma por dentro,
llueve en mi interior,
tristeza que fue dulzura
en otro siglo,
entre otras ropas,
en tus labios manchados de la nostalgia
que bailan hoy sin ganas de bailar.

Arde en mi interior
y lo peor es que aprendí
a ser agua
en la tempestad,
tristeza que emborrona
la letra,
salvaje terciopelo
que reta a la muerte
y vence a la luz que falta a tantos
faltos de Libertad.

Arde en esta lluvia
de dianas que son manos en lo alto,
de no tener más guarida que un suspiro al viento,
el pañuelo en la estación,
de querer ser alma
y huir de las sombras tan deprisa
que por otra sombra
me confunden.

Arde sin descanso en mi interior.




Camino



Como los Evangelios de la desgracia,
de los desastres que vinieron,
soy un caminante que transita
por la fina línea entre la temeridad y el miedo.

Por el tenue devenir de lo que otros labraron
y yo quise pero sin saber
que mis sienes palpitan rudo porvenir presente,
canción de cuna de quien se acuna en la tempestad,
lluvia azul para manos grises
mensajes de palomas que me mandaron
y los leí a medias
para mi salvación ultrajada
y ahogada de verdad.

Como una canción sin acorde,
como la voz de quien tiene elevada el alma
y péndula entre los abismos de dos mundos
la luna y el sol
la luz y la oscuridad,
soy y no soy
muerte envuelta de vida,
vida que es eterna
condena de gozar el mundo
a través de un desierto de arena.

Como la palabra sacra,
hay alguien más por allí?

De taparme entre las mantas
hasta que la guadaña que me perseguía
desistió y me persigue,
hasta que yo la convierta sólo en magia
porque un pequeño espacio tiene mis ojos
donde nadie manda,
quien se sabe seguro de su libertad.



lunes, 26 de marzo de 2018

Palomas


Como la lluvia en agosto,
extrañaban un mar de luces, distantes,
entre egos y espejismos
alrededor del sol,
cuando el universo de dos mentes
daba una sola perfección,
haciéndose de ellos y de nadie.

Eran dos
que buscando el amor, se estorbaban,
cientos de recetas y recibos,
maldiciones y cuarteles,
bufones que entorpecen
con leyes universales,
aquel amor maldito,
el único que les podía salvar.

Ella leía en el Metro
epístolas de cuando su alma creía,
salpicando cuentos de Galeano,
de Carpentier,
flores perfumadas entre hojas secas
de un libro,
que se sabía de memoria.

Y a cada paso, palomas descorrían
el velo del destino,
ubicándose de estratega manera
en los recovecos de la plaza redonda,
latidos de sienes,
hechas humo y metal.

Él, era invisible, como tantos,
con lomos de oro
y voz de papel,
sus ojos, grietas insalvables de donde
el Edén acuerda con los ausentes
el final de una dinastía
de guerreros buenos.

Contradicciones que se tornan eternidad
incomprendida,
restos de navíos cosidos
con el quebranto y el duelo
de promesas;
soldados ayer del bastión
loco al dignificarlo como
dama imposible.

La historia de estos dos
que se amaban como desconocidos,
llenó las páginas de enciclopedias
ya sabidas,
escupidas,
vilipendiadas,
(y rotas)...
huelga decir
que en cada beso nacía el retoño de la luna,
y al "desbesarse"
un puzzle armado sin guión,
acordaba la verdad
de dos amantes
sin mayor valor
que el sueño hecho cenizas
cada instante eterno.
En el que

se separaban.








Las flores volverán a crecer


Las flores volverán a crecer
donde ahora lloramos,
le escribe al hombre gris
su ángel de alas rotas en el recibidor.

Volverán a crecer, aunque no vuelvan;
la promesas eternas del tiempo
que quedan en el desierto de las horas.

Por mucha gente sin alma,
uno que la muestra queda asaltado
de sombras,
pero debe de limpiarse la luz,
y el rosal volverá a nacer
aunque lloremos hoy como niños.

Las flores volverán
porque lo auténtico no muere,
porque es de locos no volverse loco
en este mundo enfermo
de miedo que llega a ser maldad,
y lo mágico de aquello sencillo
queda muriéndose
junto a una canción de amor
que llevaba tu nombre,
perdido yo, perdidos todos.

Mi rosa del Sur. Volverá a crecer.


Si tú no quieres


Si tú no quieres oír más
la inmensidad de una mirada,
tranquila no volverán
los pasos mojados de la tormenta
que arrasó las almas puras
con las armas del Amor.

Si no vuelves,
las hojas secas de la primavera no renacerán,
la vida muerta de tanta gente quedará en eso
en dos bandos que se distancian
y ruido de asaltos barruntando guerra,
si no quieres saber más de mí,
no habrá mes de Abril
robado al viejo Sabina.

Si no sabes que no es lo mismo, no,
tener la razón absoluta y deslumbrarse perdiéndola
a que la maldad haga de antiguos amantes por allande
los mares, asesinos,
si tú no vuelves las almas
bailaran con alas renovadas
de belleza eterna,
porque eso es la emoción
ciclones de sueños que van a golpear fuerte
en lo más escondido del corazón,
que va y viene.

Si tú no quieres.


Soledad social


Entre promesa y promesa,
entre copa de vino,
abundancia de nada,
niños pidiendo consuelo detrás
de la violencia que desbarata la balanza.
El éxito es material sensible,
llama de un fuego que todos buscan por doquier,
mientras que la educación es la hermana triste de la soledad,
esa que se lleva el don de un mundo mejor,
y carros de fuego arrastran
las últimas horas
(esas que no se ven)
de las personas que juraron a este sistema lealtad
y el mismo tiró a la basura sus sueños.

Porque nadie espera a Sherezade,
porque la la literatura es eso,
y todos tienen un precio
en la ciudad del trueque a sangre viva,
soledad social
donde prima la luz de los muertos
que todavía respiran,
sociedad que sola
va lamiendo las heridas a sí misma
todo nace y muerte en ti,
y la hermandad del mundo
es una maldita utopía.

Los lobos afilan las quijadas,
mañana sigue siendo el ahora que no vendrá,
las madres custodian a niños que antes de nacer
perdieron esperanzas,
y bloques de hormigón renacen
para que mueran tus vísceras en sus entrañas,
nos juraron que somos de hierro
y como eso nos tratan,
a los heridos y magullados
van arrastrando el trabajo, el sentimiento.
La Bondad.
Y quien se alimenta de ti no sabe de donde viene
el aullido como tú ignoras
las luces que levantan los jóvenes mancos
alzándote cada mañana un nuevo sol.

Soledad social, antesala del sepelio vivo
que cerrará el telón de un teatro absurdo
mañana.