jueves, 19 de febrero de 2026

Como un destello

 
Como un destello de paz
en esta felicidad ciega, 

hablo con los ojos, 
callo en la voz, 

respiración entrecortada 
en mitad de un beso 
entre penumbras

como los Carnavales de Venecia
que dieron lumbre a mi corazón.

Vicenza me quiso amar, 
y yo, 
buscando un destello de paz, 
escribo con las sombras
de este reflejo ciego,

de esta letra
que no escuchas, 

del silencio que dio paso
al instante donde 
coincidimos 
al igual que cometas
que colisionan a su paso

hoy siempre ayer

en el recuerdo.




Volver a Valencia

 
Volver allí donde
mi piel halla lo perdido del alma.

Valencia 
canto de pájaro herido,
rincón de desvarío, 
en la inmensidad 
de esta locura errante 
y soñadora
                      que te llama.

Confundí la enfermedad 
con el dolor, 
tú entendiste el delirio
tras el arte, 
y al final si el poeta es un impostor
quiero ser yo el que se reivindique
en este mundo o en Marte.

Vuelvo allí 
donde el amor se confunde con el monte, 
donde el lector y el aventurero
se mezcla con gente que brama
ardiendo en su odio e incultura, 
Valencia, 
destino de mi dicha y desventura, 
escritor en las plazas vacías,
soñador 
con el corazón lleno 
en esta sonrisa muda.

Vuelvo 
Valencia.




Vida o desamor

 
Tus ojos son 
dos piezas extraviadas
en este puzle que algunos llaman
vida o desamor.
 
Manos que se rompen 
como cisne tembloroso del lago
en donde cruzamos nuestro nado
durante aquel siglo 

tú y yo.

Eres un imposible 
al que temo, 
porque puede 
que haya en este silencio
demasiada realidad.

Y te amaré después de amar, 
mientras otros 
nunca supieron 
hacer poesía
de tus ojos a los que reclamo, 
                                    como ruido hecho compás, 
                                    como vértigo de la alegría
que tiembla en este suspiro.

La distancia no es sólo lejanía,
pues mis manos a pesar de llegar tarde
fueron las primeras
en rozar tu alma cansada
de esperar tanto y tanto.





Cazador

 
Soy un cazador de palabras
que como diana 
hace centro en tu corazón flechado
por mil locos 
que te asfixiaron con su beso.

Soy cazador de versos 
en la fantasía que encendieron tus labios,
con la soledad 
como única compañía
que te puedo ofrecer.

Soy un cazador de palabras
que escapan 
                huyen
                        vienen...
y se posan arriba 
en la constelación de la memoria, 
culminante y dolorida.

Soy un cazador 
de la sublime desgracia
de ser artista que nadie escucha 
y esta voz que no se vende
                               te reclama
para cazar sueños dormidos
en la consciencia de la noche
desierta.

Cazador de la belleza
en la quietud de los cipreses,
en la libertad
de esta celda aislada.

Soy cazador de palabras, 
cazadas palabras
en la luna errante 
de nuestros deseos 
que deliran al vaivén de una vida
que queremos congelar pero arde 
como nube de sílabas
en esta fiebre de paz y guerra.




El mismo poema

 
Volver a escribir dos veces
este mismo poema, 
es como vivir la aventura más bella, 
-pero sin ti-

resurgir, renacer
ante la dulce pena
de no saber si paso solo la Navidad, 
o esta Navidad está más sola sin mí.

Las camareras me preguntan 
por mi afán de conquista, 
pero voy a escribir otra vez
el mismo poema.

Y hacer de la noche, día, 
atemporal momento
que habla de la eterna
sonrisa
de aquella mujer que me saluda
sin llega a sospechar 
que le volví a escribir una canción, 
sobre el tiempo
que terminó en lo que empieza 
nuestra vida.




La vida es la ilusión

 
La vida es la pesadilla
de un sueño idílico
llamado Libertad,
cadenas que nos atan 
en lo que dura 
el vuelo de las hadas
que con sus alas rotas
me enseñaron
a volar.

Volver a volver,
amar después de amar;
te olvidaste de que 
ganó el perdedor
...
y que ese que triunfó 
fui yo.

El viaje es la ilusión
de una esperanza herida, 
nacimiento de un despertar;
camino como forma de vida,
destino en tus caricias
que me acompañaron
en el transito por el tiempo
que nunca te supe
contar.




martes, 17 de febrero de 2026

La inocencia

 
El dolor de las decepciones
es el tenaz aroma
que invade esta mirada, 
y puebla de nostalgia
los campos de la memoria
allí
por donde arrasó.

Es ese desaliento que toco 
en las horas
que te abrazaron,
que se ven como salpullidos
a la verdad
carente de dulzura.

Pero los desengaños siguen
ahí, aunque corra, 
llamándome tras el susurro
de un aire muerto, 
en el nicho
de un desierto silencio, 
tras cortinas de luz

de aquel tiempo que nos asaltó;
y al despertar
robó

la inocencia.