El sol de invierno
late en mi piel,
y un árbol tullido
tras la cima de una montaña fría
como nuestros cuerpos,
que dan chispa a la luz
que por un desfiladero.
se escapa.
La primavera no llega nunca,
y el sueño de amar
tras una juventud sin amor
hace de libros con hojas arrancadas
las dunas de una playa desierta
que duerme entre las olas
cual fricción del viento.
La luna es la redondez
de nuestros ojos cerrados
y aunque maldigo la hipocresía
de estos años,
el sol de invierno
late en mi sien desnuda
como la duda
de si volverás.

