lunes, 17 de abril de 2023

Hacer

 

Hacer de un poema vida.

Tener de una verdad tu himno, 
ser magia en la mirada.

Decirlo todo y no decir nada.

Escribir para resolver la ecuación
de un mundo enfermo.



Nunca se pondrá el sol

 
Viejo sin edad, 
loco en un mundo de locos, 
triste caminar
el que viaja
de la marginación a mecer el cielo
en la profundidad 
de tus ojos.

Soy, maldito caminante
de la emoción contenida, 
la que nunca era para mí, 
los espejos revelan mil mentiras 
y la verdad
más auténtica
es haber vivido
todo lo que perdí.

Estoy hecho 
del lado oscuro, 
ese que no quieres ver, 
cuando me trabajé a mí mismo, 
y contra pronóstico, 
vencí a la locura que me mató ya
cinco veces,
las amarguras tras el torbellino
sin pasado 
y sin saber que me conviene 
entre tanto temblor, 
que tanto habré callado,
por ser peregrino solitario de las horas 
donde nunca se pondrá el sol.



Entre tinieblas y ruido

 
Puede que todo sea
una bendita coincidencia, 
o una maldita casualidad, 
el destino de los pasos 
que están por llegar, 
volver al barro es morir de nuevo, 
ante el ocaso de un mundo
que se desploma
en el papel.

La muerte puede llegar 
a ser el Imperio en el que orbitan las estrellas,
y ningún científico a ciencia cierta
sabe cuan torrente de sueños están
impregnado de presente
y el futuro de cada realidad.

Lo que no se nombra no existe, 
pero lo que existe debe tener nombre, 
y yo, en este café, 
te escribo para la posteridad
de la nada desde donde vengo, 
tan lleno de ti, en este vacío, 
que sin duda el milagro de estar vivo
es amar, 

como quien tiene la esperanza de soñar despierto, 
entre las tinieblas y el ruido.


Mar negro

 
Nadie cree en mí, 
y los que creyeron
ya se cansaron de la eterna promesa
de mi mente, 
me queda ser el rayo en medio del desierto, 

ser y no ser

cuando el mundo vuelva 
a situarse a nuestro lado, 
cuando todas las ilusiones regresen 
como olas en la costa
de un mar negro.



Antártida

 

-Ni se te ocurra recordar mi nombre- dijo Ella, 
peinándose en el espejo, 
y tras el huracán, 
vino el enfermo relámpago de emociones
que quedan al separar
la Antártida de los latidos de nuestros cuerpos.

Ya no hay nada más que miedo 
en nuestros corazones apaleados
y el amor es el motivo
que despreció Cupido,
mientras, en la Avenida,
nunca tendremos amparo entre peatones y autos, 
entre sombras y lumbre, 
fui caminante suicida
tras el vértigo de los años.

Ella me mató por dentro, 
yo la maté sin querer hacerle daño.




En lo que dura este beso

 
En lo que dura este beso
sabrás cuánto te he esperado, 

sabrás el ansia que ha amargado 
el mar de mi boca, 
sabrás que el amanecer
no entiende de destino, 
y es cruel el giro de este milagro llamado
existencia.

En este beso tendrás 
el amor en un eclipse de Júpiter, 
sabrás en lo que dura 
este dolor cuánto 
te esperé, 
hecho añicos con el primer sol del verano.

En lo que dura este beso, 
sabrás que nadie controla nuestros locos corazones, 
y a la deriva gana un kamikaze
en un absurdo juego, 
pero te ansié, 
te esperé
como quien espera en la estación 
otro beso más, 
otro beso más 
tuyo.


Fortaleza


Somos frágiles en nuestra fortaleza.
Debemos endurecernos,
y nos ahogamos en un ronquido
de impotencia, 
somos fuertes en nuestra 
eterna debilidad.

Y la locura que ronda 
en las visiones de siglos pasados 
va en las coincidencias 
de un destino pautado, 
que nunca deja de volver 
a ser nuestro.


Tránsito de vida

 

Eres un horizonte eterno
en la piel de nadie,
 
te volviste de hielo en medio
de mi incendio, 

me tocaste tras la calma
con el huracán de cada hora,
 
que nunca pude olvidar, 
por el valor de las cosas pequeñas
que conforman el universo mal hallado
que nos juntó.

Miedo a la locura,
en la locura tras tanto miedo, 

fuiste la cruz de un alma rota, 
y mal hallada, 
te vestiste de gala en cada fiesta, 
donde no pasó más
que un carnaval de desesperanza.

Aquí ando mientras rimo
"amor con te odio", 
en la cara de la moneda estamos los dos, 
en la cruz, 
la soledad mal entendida
de este pasillo lúgubre
llamado tránsito de vida.




A nadie

 

A nadie hablo
cuando te rezo a ti,

y las sierras del paisaje rasgan 
el crisol del cielo, 
a nadie me dirijo
salvo a las sombras que habitan
en cada rincón de mi presente.

a nadie hablo cuando
soy un triste temblor
que se enorgullece
de haber fracasado 
y ser cobarde en la lluvia ingente
que inunda el ser.

A nadie hablo cuando
me dirijo a ti, 
hembra de raíz floreciente, 
a nadie va el vaivén 
que viene del amor mal entendido.

Y el horizonte lleno de oscura huella.

Himno


Si brota el himno  de mi corazón
en el compás 
de este son absurdo, 
será
la libertad que le falta a nuestras alas
el eje motriz 
de la ceguera que nos alumbra, 

Himno de la canción triste de la espera
el volver a donde nunca quisimos.

 

Te soñé como poesía

 
Te soñé como poesía, 
y la realidad siempre
en todas las vertientes de vida
no pinta de color todas tus formas, 

por eso el arte es la mentira
que más nos acerca a la verdad, 

y a cada paso, 
un libro de Galeano, 
y un café 
a rebosar de nocturnidad
y falta de cordura.

Te soñé como poesía 
y me quedan estas manos
agrietadas
por los sablazos
de un alma en llamas,
 
que encuentras en un poema
lo que del incendio no se salvó.



Ayer no era más que un hoy cansado


Ayer no era más que 
un hoy cansado, 
tan en vilo, que el tiempo
fue encarándose al olvido, 
y en ella, la que perdí
en tantas ocasiones (...)

Mi forma de vivir, rota, 
y sedienta de vida, 
le era incomprensible, 
(la sigo perdiendo en lo que dura
este verso)
y mañana no es más
que un adiós que agoniza.

Mi forma de vivir 
bohemia, que yerra en la locura
y la genialidad,
se desorienta tras la luciérnaga 
de las horas, 
y toda la lumbre atesora exhalación
de lucha en plena
soledad.

Hoy no es más
que un mañana que no llega.


Espero

 
Espero estés bien,
hace tiempo que no sé de ti, 
y el cielo se llena 
de golondrinas sedientas, 
aquí, las sombras
a veces no dejan ver el sol, 
y la tormenta del corazón, 
se infesta de pena.

Espero que estés bien, 
la verdad es que el tiempo
es un niño que tiembla en cualquier
café extraviado de la ciudad sin alma, 
el tiempo que nos separa 
es la voz de la poesía callada, 
haber aprendido a crecer
y creer que la verdad 
empieza cuando las emociones acaban.

Espero que estés bien, 
aquí tienes las postales 
de la estación,
de un lunes sin más vida 
que un presente que grita.

Espero que estés bien.




Mañana

 
Perderse en este laberinto
de adioses, 
de despedidas y lunas, 
Simone de Beauvoir,
abrió la ventana
y un verano sin ti
es mil derrotas en el parnaso
de poetas hambrientos, 
de tantos amores arrastrados, 
me tocas y muero
en el vals que se escapa 
de nuestros pasos.

Mañana cuando el sol
sea el cumplido de las musas, 
cuando me haya perdido
tantas veces
en la vorágine del tiempo, 
puede que te encuentre
allí en la escalera de la facultad
como cuando te soñé 
con los ojos abiertos, 
puede que todo sea un eterno regreso, 
donde la locura dio paso
incierto a la muerte
de todos menos tú y yo, 
cuando agonizaba 
la lumbre de parques y avenidas

                                                             donde fuimos libres, 
                                                             a pesar de todo, 
                                                             libres.


Hijo de la derrota

 
Soy hijo de la derrota, 
esa que no muestras.

La sal en la herida, 
Sísifo jugando a la pata coja, 
al ver caer eternamente
el destello de tanta ansiedad.

Hijo eterno de la quimera, 
de masticar el nombre invisible
del tiempo.

Soy el infinito herido, 
oscuro camino que siempre me llevará
a ti.


Teatro de vida

 
Mañana seré un ave
cansada de tanto volar sin nido, 
y confundirás mis alas
con las de un ángel;

ayer fue un abismo profundo,
un imposible de luz, 
donde caminé tanteando 
por la corriente,
y unas lágrimas negras
cicatrizaron mi mejilla
para siempre.

Como la luna que cae
de tus ojos a mis ojos, 
como la espera inquieta
de mi corazón,
como la verdad que se siente
en un mundo de máscaras
y mentiras, 
teatro mal hallado de la vida.



Como si eso importarse

 
En un pueblo olvidado
me encontraste.

Una puta paseaba tranquila
mientras escuchaba una canción de desamor
de Camela, 
y un obrero cargaba sacos de cementos
a la séptima plata
del hospital Clínico.

En un puerto perdido 
nos encontramos.

Tú, tan cansada como bella, 
con esos hoyuelos al sonreír, 
y la manera en que movías 
la cucharilla de ese té
mientras me contabas "no sé qué",
maquillando mil derrotas de hombres
que venían para ser la perdición
de tu tiempo.

Creo que fuera la puta tuvo un cliente, 
y se armó de cemento la planta del Clínico. 
En reyerta, varios gorrilas
pelean por un puesto de aparcamiento, 
humo, coches, semáforos, 
y tú, distraída,
miras tras el espejo
como si eso importase.
 
Las factorías vomitan sin alma
su esencia en la avenida, 

yo te tomo la mano
y miro tu boca, 

tan tarde ya, 
como si eso importase..


Regresar eterno

 

Cuánto te he querido, 
vida perdida, 
aún estamos a tiempo
de volver.

Cuánto te quise, 
luz de luna
del atardecer imposible, 
aún estamos a tiempo
de perder.

Qué es la vida sino, 
un regresar eterno? (...)


Ese traidor

 

El amor, ese traidor
que me besa con los ojos abiertos, 

lo nuestro;
un mañana en el que te volveré a ver
envuelta en la luciérnaga extraviada, 
que encontró a dios en nuestro infierno.

Quisiera darte tanto, 
que me veo no merecedor de cariño, 
al vivir en un eco circular de olvido
y drama, 
fantasmas que forjé
en mi vida solitaria, 

quimeras de lunas rotas
en una noche vacía, 
cuando cogidos de la mano

alzábamos la luz.



Tan visionarios como ciegos

 

Sumergido en el sueño
de despertar, 
la revelación de mi vida
en las ensoñaciones de vidas 
pasadas,
búsqueda sin haber encontrado
nada más que la esencia 
primigenia del trovador 
perdido en el canto 
huido en una perdida isla.

Así, revolucioné la verdad
hasta que fui dueño del destino 
del mundo, 
y para despertar después del despertar;
una sala de hospital.

No diré nada de la vulnerabilidad,
ya que asusta la luz de estos días
tan visionarios como ciegos.




Al otro lado de la frontera

 
Sentirte, en un torrente
de delirio, 
da sentido al trémulo temblor, 
y fuera, el mundo, 
con su sucia bendición
de autos y facturas, 
no oye los ruegos
de este pobre que te sueña, 
con los ojos como cruces 
de un camposanto.

La revolución prometida es caminar, 
en las venas perdidas del tiempo, 
cuando algunos gritamos para ser ángeles, 
y rearmarnos de luz, 
de la resurrección de podredumbre y dolor
en las cunetas, 
del éxtasis de una lucha agónica
al otro lado de la frontera.


La verdad del tiempo

 
Sin más pasos que el silencio, 
mi soledad tiene compañía
en tantas ruinas
que no supe reconstruir, 
y en esta vida que vuelve a mí, 
(sólo solos somos libres?)
la melancolía, 
habla de la luz triste 
de cada amanecer helado
en julio, 
pero aún así 
ya no sé si soy libre, 
o un suicida de recuerdos
de la tenue luz que te nombra de lejos, 
ya no sé cuánto es el mundo, 
o la verdad del tiempo.




Una bandera


Mi delito es ser libre, 
no tener patria, 
no creer en la guerra, 
corazón peligroso que camina
en un mundo de fieras, 
piara sin corazón 
que encuentra razón de vida 
en tener que caminar junto a mí

A pesar de poner nombre al cielo
de imponer en la distancia de un beso,
una bandera-

Yo vine a cambiar el mundo

 
Yo vine a cambiar el mundo,
y este mundo, desconcertado, 
confundió mi corazón con un viaje, 
al no saber cual es la frontera
de la honestidad de estos pasos.

Yo vine a soñar despierto, 
esperanza de un hombre 
que caminó en el ambiguo filo
de tu pasado y mi futuro.

Quién sabe si detrás de la puerta
se esconde la luz de un otoño 
más justo, 
en este mercado que es el mundo
en el este juego de máscaras
donde me camuflo
y te oigo respirar
como el vaivén de las olas
en un puerto sin mar.