Cada día muere la noche
entre mis deseos
y tu posibilidad
de sentirme,
espero como quien espera
a la esperanza perdida
que no llegó a encontrarte.
En cada estación renace el verano
para llegar a una vía sin nadie.
A una vida perdida
Cada sol amanece tarde
y el horizonte es un destello
de despedidas
cuando, en vigilia,
paso las madrugadas
recordándote.
Y escribo
y me voy tras la esquina
a recorrer el planeta,
y te odio y te venero,
cada respiración inhalo el veneno
de estar vivo
y no saber para qué.
De ser el mayor ciego,
ese que no sabe ni quiso
ver.


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