Amanece
y todas las letras de mi pensamiento
te nombran,
mujer que me piensas
sin pensar,
mujer que te entretienes con la rutina
y de reojo ves estos versos
soñando en el sueño posible
que salve al naufragio
de la realidad.
Más allá de los deseos frustrados
por quien se adueñó de la luz
y de todas la estaciones,
amaneció ya en nuestros rostros
que dudan,
y te miro como quien mira
al amor
porque sé que detrás de esta habitación
vacía,
estás tú.
Vengo de un barrio
de rechazo y dolor
lleno,
y ahora que amanece en esta súplica
de lamentos,
haberte imaginado,
besarte;
fue el mayor consuelo
de un mundo negro y triste
por todo aquel que no te haya visto
llegar.
De quien no haya sentido
los ojos tintineando
en los espejos,
de quien ama sin amor
de quien besa por besar.
Amanece y aquí a mi lado,
tu no estás.


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