Cambié tus ojos de muchacha
que perdió su cometa
ante el vendaval de la vida,
por mil despedidas,
y siendo yo mismo el de siempre,
cambié.
Cambié tus manos
que fueron raíces de la naturaleza herida,
gorriones sin jaula,
banderas blancas manchadas por caricias
que dolieron más que
el despertar,
y yo,
cambié
para llevarte por siempre en mi olvido,
ese,
que llevo tan adentro.
Cambié tu luz por mi oscuridad,
tu boca por la palabra
que defina al mundo,
el dolor mío fue la mirada que sangra,
el amor que enloquece
antes de haber sabido qué es
la locura (...)
cambié todo
y tú fuiste, habiendo cambiado también,
el más soñado viaje
en el que se mudo nuestra piel
por este transito sin sentido
de estar vivo.


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