Con el cuerpo en vilo y el alma temblando
voy recogiendo flores de cualquier camposanto,
para reunir un matojo en tu pelo yermo,
que aflora en el bosque de los viejos anhelos.
Y se eriza el amor de nombrarlo en la piel
de quien solo es sombra venida sin fe
ni mayor tributo a la locura que hacer genialidad
de toro pasado cuando en el coso me vieron torear.
Manchas de sangre, aunque tal vez sea de tus labios rojos
cruces de miedo o de pasión; vertebran el sueño
de los cuerdos que nunca estuvieron tan locos
que por cantar con su letra tu canción,
de envestir bajo tu ropa la dulzura y fuerza que inspiras,
dama de noche en la madrugada que viene a este día.


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