martes, 1 de agosto de 2023

Las banderas quemadas

 
Lloverá tras los mares de fuego,
de estos abrazos heridos,
de este puto fascismo
de querer recortarnos libertades
y callarnos con lo que se compra, 
y comprarnos con lo que se vende, 
lloverá en este infierno hecho tierra.

Sueño con la Justicia 
labrada día a día por personas
con corazón,
ante la avaricia de aquellos
que solo buscan el aplauso, 
la comparación o el miedo del pueblo 
que nada tiene e ignora 
que puede 
cambiarlo todo.

Y la libertad de amar,
de sentir, de luchar en un mundo
vigilado y roto, dónde queda?

Y si la mujer quiere ser libre, 
y si yo quiero ser libre
a qué dios del delirio
nos encomendaremos 
en la peligrosa aventura
de sentir con el alma llena?

para partir de viaje donde
no nos hagan tanto daño
sus hipócritas dogmas;

sus ensangrentadas banderas.


Disfraces

 
Aunque te disfrazaron 
de leyenda romántica 
cual angélica salvadora;
musa de pelo manso o piel dorada,
 
-mi poesía te pide perdón-, 

hermana guerrera, 
que junto a este dolor
haces mares el llanto, 
creas abismos en la distancia
separando el fuego de la injusticia
por el sueño real
de un tiempo aún no alcanzado, 
y un mundo mejor.

Aunque, torpe de mí, 
te disfracé de melodía, 

lo siento.

No era mi intención empujarte al Olimpo, 
sino fue simplemente evitar 
mi choque contra el suelo
de un deseo indulgente,
fuiste un ideal que enloqueció,
la razón de la sinrazón
que me cegó al verte.

Aunque el deseo tiene muchas formas
hasta volverte extraña de ti misma
por tanta confusión,

nuestro latido tendría que calmar a la fiera,
y el feminismo 
por sentir de igual a igual,
pues yo quise entregarte tan sólo un poema, 
y la locura no supo apiadarse
de este pobre
corazón
que aúlla como lobo herido
aún en aquella tormenta.


Círculos


Al final no hay final
todo es cíclico, redondo, 
volver a volver,
empezar a empezar, 
por eso es que el amor puede confundirse con la muerte, 
porque morir no deja de ser otra etapa más
que da forma a la vida, 

tantas cosas pasan que volvemos al lugar 
donde el espacio nos recuerda
que nuestra esencia es aquel tiempo 
remoto (no sé si de niños o más allá)
donde todo es volver a empezar.

Volver a volver.



Quién


Dime quién venció al huracán, 
dime quién venció sin vencer
sólo en una lucha a solas frente al gigante.

Dime quién pudo con todo
y nada pudo contra tanto, 
Dime quién no teme a la locura
si con él hizo las paces.

Quién se enfrentó contra la humanidad
en una habitación cochambrosa
del barrio Baladre, 
quién dejó para la posteridad versos
que nadie intuiría que contaban 
la historia mía y del mundo.

Dime si es ese del espejo a quién temo y amo, 
como a ti, 
que te tengo y no.

Dime quién tapa el sol con las manos
y brilla su luz en la mirada desde los abismos.

Quién


Vida


Esta vida se diluye en la aspiración
de soñar con otra,
en ocupar nuestro tiempo
tras el exilio mancillado de soles y oscuridad.
La vida es la quimera del tiempo, 
el último rumor de batalla 
ante un balcón con estrellas pero sin luz.

La agonía me acompaña en este camino, 
y también me ayuda a crecer,
porque de todo el dolor que arrasa al mundo
uno puede hacerse fuerte donde
la muerte 
tomó pulso al dolor.


Verano

 
Un verano sin mayor meta 
que ver las nubes desvanecerse
(...)
a muchos sólo les queda amar 
el apego de otro cuerpo a su cuerpo,

ni se quisieron a ellos mismos, 
ni menos a quien caminó a su lado;

sólo apego de la ilusión
de haber tenido todo por delante,

este tiempo es un vértigo que vaticina
lucha incondicional
de tenerte a pesar de la nada.

Te escribiré con líneas como frontera
de mis sueños pasados

Te desearé, aunque viejo y huraño
porque sólo me queda la tormenta venidera
del dolor de estas manos (…)

Me consuela ver pasar las camareras
el polen de lo que se derrumbó
entre las paredes blancas de la locura,

un verano de palabras enquistadas
en la sospecha de la noche
y los dictados eternos del alba.



Ahora


Ahora que deseo saltar por el abismo
de tus ojos, 
a pesar que siempre nos han rodeado lanzas y escudos
en la guerra de amores pasados, 
ahora que sabemos que abrir el corazón  
depende más de nuestro amor propio
y aún así nos miramos, como quien busca el sol, 

ahora sé que te extraño teniéndote 
tan cerca.

Te diré que todo va peor y vamos cayendo en bucle
por el huracán de nuestra boca.
Los domingos me saben a ti justo antes de levantarme
de la cama
y que me sienta extraño al candor 
de la lluvia matinal de tu ausencia.

Ahora,
los segundos se tropiezan mientras 
se van ordenando las ideas;
manejo desde un ordenador palabras
que mi mente sospecha nunca entender,
y toco la luz de tu mirada
que proyecta el renacer de las horas.

El renacer.

Ahora salto al precipicio de tu alma de fuego llena,
de tormento apaciguado
de la quietud que se propaga con el aire
de lo que no existe.