Tus ojos son
dos piezas extraviadas
en este puzle que algunos llaman
vida o desamor.
Manos que se rompen
como cisne tembloroso del lago
en donde cruzamos nuestro nado
durante aquel siglo
tú y yo.
Eres un imposible
al que temo,
porque puede
que haya en este silencio
demasiada realidad.
Y te amaré después de amar,
mientras otros
nunca supieron
hacer poesía
de tus ojos a los que reclamo,
como ruido hecho compás,
como vértigo de la alegría
que tiembla en este suspiro.
La distancia no es sólo lejanía,
pues mis manos a pesar de llegar tarde
fueron las primeras
en rozar tu alma cansada
de esperar tanto y tanto.


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