jueves, 6 de agosto de 2020

En noches como ésta


En noches como ésta, 
la nostalgia riega lo que ya no existe, 
llena de mariposas invisibles
la noción del tiempo.
Cáliz de sal herida, 
vuelo de cisne muerto, 
amargura de playa sin olas, 
donde se perpetuó el silencio.

En noches como ésta, 
fuiste para no existir luego, 
lamento de luna,
fruta podrida que se extinguió, 
tus labios cortaron 
como la despedida ciega
que nos dimos tú y yo.

En noches como ésta, 
la inmensidad me consuela;
habrá un sitio en la galaxia
que me diga que la amistad, el amor, mis errores...
tuvieron sentido, 
habrá otro yo, que sin saber cuándo ni por qué, 
llegué a encontrarte como un niño.

En noches como ésta, 
el hambre de saber de ti, me llama, 
los fantasmas cuelgan de la puerta,
nadie ve en la oscuridad 
pero acechan miradas, 
en noches como ésta, 
te quise
sin saber que nos sorprendería
el mañana.

En vidas como ésta.







Perdón


Te pido perdón, hermano, 
por no saber o no poder
haber estado a la altura, 
mi vida ha sido una pesadilla
de la que desperté
para encontrarte con los brazos
estrechados a la luz del amor.

Alumbras y das paz, 
mi guía, 
eres belleza por dentro y por fuera, 
en tiempos de eterna soledad.

Te pido perdón, hermano, 
no supe hacerlo mejor, 
no fui yo,
y un nido de dolor
me embarga, 
para abrirse al reírnos mil veces
del mundo los dos.

Hermano, ángel de día, música nocturna, 
eres la palabra que no sé pronunciar, 
la bondad hecha vida.



sábado, 1 de agosto de 2020

Viví


Viví una mentira,
álamos tristes,
serpiente en mi garganta,
viví la verdad que la muerte
calla.

El tesón del guerrero 
que se agrieta 
por el devenir de las horas,
corsario de hojas secas,
cuando la duermevela 
de lo que pudo ser,
hoy me mata.

Viví un laberinto de quietud.
Viví el sin perdón del tiempo,
las huellas de un remanso de dolor,
lo fatal y funesto
de hacer mío lo que nunca me 
perteneció.


domingo, 19 de julio de 2020

Mientras duermo


Y a veces me mudo
en rojas bicicletas
que dibujan la curva
de un desliz,
y me siento como
las piernas traviesas
de un torpe muñeco
maniquí.


domingo, 7 de junio de 2020

Rara


Elisa mira desde la ventana y magnolias languidecen en la penumbra. Ella escribía relatos pero desde hace un tiempo perdió el apetito por leer. Duraba demasiado aquel otoño.
No sabía que le pasaba, un halo tenue y gris tapaba las horas más amargas. Acudió al doctor y le recetó medicina pero ella siempre decía que su dolor era del cielo.
Elisa dejó de asistir a clase, su madre preocupada no entendía qué pasaba y pidieron ayuda.
Una mañana en clase Elisa no aguantaba el cansancio y la tensión en sus sienes, algunos compañeros la tenían como la “rara” pero ese día se acercó Camilo, un chico que tampoco hablaba mucho en el aula.
-Te encuentras bien?
-No es tu asunto
-Si necesitas algo dime, me gustaría ayudarte
-Tranquilo, todo bien
Y en el colegio las ausencias y las presencias ausentes eran cada vez más numerosas. El bullying acechaba. Algunos sentían pena, otros rechazo sobre Elisa, la “rara”, que sabía bien que ella, era sujeto de los comentarios. Sospechas que como un filo cruzaban las espaldas.
¿Pero qué sentía Elisa? Sentía cansancio, su vista se nublaba de metas cada vez más difíciles de conseguir y afrontar, la muerte le parecía algo romántico y era de la convicción de que algo malo en cualquier momento aliviaría por fin el sufrimiento mental que padecía desde hacía tiempo. Sentía que los cipreses adornaban cada navidad, que la luna se derretía en piélagos afilados, melocotones helados.
Con amor y paciencia se demostró aquello que no escribió nadie. Elisa




jueves, 28 de mayo de 2020

De viaje


Mis sueños van de viaje,
de tu parsimonia a mi entrega,
de ciudades con nombre
pendiente en el aire,
de la lluvia en los tejados
cuando perderse es una forma
de sobrevivir.

Como aislado del ruido,
tu amor calla lo que dije de niño,
lo que odian los amantes
antes de jurar.

Mis sueños son la lanza
de una luz extraña,
de la vida luego de nacer.
Y tú no digas en cuánto tiempo
muere el sol.


domingo, 10 de mayo de 2020

El mundo varado


Esa noche llovía, y las almas se estrellaban en el silencio de las calles.
Nada.
Un virus asoló países de Norte a Sur y sus gentes guardaban precauciones y miedos en el espejo de cada luna rota.
Llegaron los primeros rayos de luz de un nuevo mes y en los barrios de ceniza se tiñó la sombra de lo incierto.
Cada peatón invisible fue eco de un sol tenue; brisa de los meses cuando nadie pudo salir de sus casas. La sinrazón hecha monotonía se convirtió en el misterio de ciudades inhóspitas, cada vez menos nuestras. Aunque los ventanales quedaron suspendidos por el aplauso todos los días a las 20h de la tarde.
Los enfermeros y sanitarios se bautizaron con sus espadas y lanzas ante las yagas de la muerte que anhelaba brotar.
Las parejas distanciadas se escribían cartas con tinta del dibujo de sus labios. Los amigos no se abrazaban, y los ancianos rezaban que antes de que cualquier pandemia alertase a sus pulmones, la vida les permitiese volver a ver a sus nietos.
El mundo era ese aire helado que de boca en boca un virus congelaba en el tiempo y el lugar a las tiendas, los bares y todos los encuentros. Lo que fuimos.
Éramos pequeños tú y yo, el miedo voraz abanicaba nubes negras, como alas de murciélago, como distorsión sonora. Otra noche como aquella, dejó de llover.

Sin saber cómo, un amanecer nos fuimos levantando poco a poco para que alguna vez llegásemos a contar que el mundo quedó varado en nuestro horizonte. Que el mundo quedo vaciado en un grito silencioso tan separados y unidos todos ante lo inabarcable.