El sueño de despertar
empieza al acabar nuestro desvelo,
he pasado de quererte
a odiar
como quien camina borracho
por el abismo infinito
del tiempo.
Diario hecho poema,
locura recitada en verso,
te amo y no sé lo que quiero,
escribí sin saberlo una obra de arte
que nadie leyó
que guardada en un cajón
y que fue comida por los besos
(que no nos dimos)
Polvo de estrellas
en las alas de los niños
que no nacieron,
familia huérfana de mí
a la que no echaré de menos,
salvaje viaje por Utopía,
en aquellos labios que cobraban a precio
de plusvalía
todo aquello que soñaba
humildemente
mi pobre corazón.
Nuestro sentimiento,
herido y marchito
como las hojas del otoño
donde nos abrazábamos
los dulces compañeros de la facultad,
mientras, a lo lejos,
sonaba repiques de guitarra
de música que hago ahora,
pero, como siempre,
tan tarde,
que nunca
la llegamos a bailar.
Tan tarde.


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