Tu sombra
destella en el vacío
de los pasos rotos,
de vasos llenos de sed,
alas, que
cuando todo me lo robaron,
esquivan el deseo de alma herida,
de luna de paz,
si la verdad sólo fue
una mentira
al revés.
Pronto madrugó la madrugada,
pronto se acabó
lo iniciado, ya ves,
lunes eterno en cualquier semana,
en la que todos
me faltaron
mientras anhelaba
un eco de ti.
Anónimo entre la gente,
huyamos a un viaje sin retorno,
por ejemplo,
a la lumbre de un velero
que tras su rastro en el mar rojo
dejó el batir de estelas
de luciérnagas
que nunca quisimos
ver arder
como
al final
así
fue.


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