Por un camino errado,
te encontré, buen destino,
y me sentí tan solo como acompañado,
cual azar del rumbo
de un estrella
protegiendo mis sentidos,
iluminado estuve, lleno de oscuridad,
con el sol que relampaguea
este pálpito,
al soñarte besar.
El corazón llora lágrimas de sal
en el desierto de tu voz,
insano grito
de quien amó estar solo,
y además, el tiempo, no nos cambia tanto,
la atracción y el deseo
se diluyen en este salón de té,
donde Nueva York me llama
con tu nombre.
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