Desde el gris acero
de una caricia inexistente,
el vacío de Papá,
me hizo creer en el vértigo
de volar
sin más red abajo
que la libertad en pleno abrazo
de todo lo ausente.
El sueño de vivir
es despertar de tanto
y tanto ruido,
lunes de ceniza que dio paso a tu sonrisa;
mientras tú, guerrillera, mi Ché,
batallas ante la inmensidad
de especulación, estafa y desvarío.
Ecucho viejas canciones,
poemas eternos,
en el vuelo del soplo
del diente de león,
tus ojos de gacela herida
me miran sin decir nada,
al desearlos tanto yo
te hablo de estos versos
de nuevo
para así reescribir la historia
que emerge entre la precariedad
y el dolor
de la gente que grita
tras esta realidad cansada


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