Búscame en ninguna parte,
en las páginas arrancadas
de un viejo tomo de Guerra y Paz,
en las miradas distraídas
de mujeres que para siempre
se quedaron con mi sonrisa muerta,
en los rayos de sol
que en los rincones del tiempo de la infancia
no fuimos felices.
Búscame en las catedrales,
en Palenque o Kuta Bali,
en el tesoro escondido
de mis dormidas manos,
en la cansada promesa
de las aves perdidas
que aún buscan un hogar
entre tanta libertad.
Búscame.
Búscame en el trago de café amargo
y los guiños de camareras
de piernas frías,
búscame detrás de un relámpago,
en la canción de la ciudad maldita,
en la oración del planeta huérfano
donde nací.
Búscame.
En una promesa del amor que llegará
para luego no quedarse en nosotros jamás,
búscame debajo de tu falda,
en la relectura
de este poema
intrincado y secreto
que toca con la brisa
de las playas del mar Muerto
otro motivo para renacer.
Búscame.


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