Ella descose el hilo de miradas que tuvieron cobijo bajo las
pupilas. Ella tararea una canción que nadie oye porque ella es huérfana y
nadie podrá nunca encender al dragón insurrecto de su voz de pluma lunar.
Ella es un desgarro en el aire, una posada de hombres que se
olvidaron de la esencia de la palabra, por ejemplo el principito de
estos versos ya murió cuando creciste…
Ella es debilidad de rocoso abismo lleno. Ella, amigo, era
tan hermosa que en aquel lugar, aquel tiempo, al mirarla a los ojos pude ver su
alma; más bien diré alma de rosal colgante en la Alhambra en verano, de agua
fresca subterránea en el Sahara, de oro escondido en una de la carabelas de
Colón, de asilo de adormecidos ancianos después de ver a la diosa de la
juventud besar la muerte.
Ella tacha el nombre del último amor como quien marca los
siete pecados capitales.
Y le llama justo ahora la amiga aquella que la olvidó para jugar a los juegos que no hubiera querido empezar.
Y le llama justo ahora la amiga aquella que la olvidó para jugar a los juegos que no hubiera querido empezar.
Ella entona un Mi, y se derrumba el mundo, mientras su voz
ruge.
No diré las palabras prohibidas aunque sea prohibida.
Ella es magia que envuelve la tristeza de un hielo en cada trago,
ella cuando llora es como las damas en el claroscuro de cualquier habitación y
cuando ríe no hay mayor claridad en la noche.
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