domingo, 11 de marzo de 2018

Karma


Puede que haya personas que te miren, cobardes, como un loco, antes que ver a alguien que escribe y lucha, algo torpe, intentando entender el cariño y el desapego.

El mundo no es perfecto.
¿Qué tal vuestro karma?



miércoles, 7 de marzo de 2018

Esta historia


Me levanto si caigo,
no hay otra,
fortaleza que sonríe en horas de descanso,
si caigo, me levanto.

No puedo transmitir miedo,
aunque lo tenga,
no puedo transmitir rencor,
aunque lo sienta,
no puedo transmitir tanto amor
aunque no se entienda,
solo ser paciente y tener paciencia,
ser guerrero y aguerrido,
el resto le corresponde a dios.

Me levanto si caigo,
sino mil gaviotas me llevarán al norte
de tus pensamientos,
pues;
de dónde viene este escalofrío
que agrieta las horas?
salvar la vida en una encrucijada
de maremotos del alma,
que sueñan playas y quietud,
si me levanto es porque queda la enseñanza
de la gente que tal vez
detrás de este silencio
confía en mí.

En esta historia.



Levedad


Por la levedad de un ser cargado de tensión, por las azucenas tristes de su boca sedienta, por lo que se fue y no volverá, será por eso que somos tiempo y espacio llenos de una elección de la que no podemos escapar, porque según su ley dicta no sabe más que sobrevivir, a pesar de todo, por todo, lleno de gracia.


martes, 6 de marzo de 2018

El cielo y el mar



El mar y el cielo se unen en este cerrar de párpados.
Estamos rodeados de espíritus que no quieren sentir tu miedo ni tu temeridad, que son buenos si tú demuestras la seguridad y el cariño en ti mismo y el mundo, no hay mayor magia que la compleja realidad de lo sencillo y sensible.
El cielo y el mar se unen en un alma grande porque abraza horizontes, quien se sabe con la luz de quien no muere, quien siente lo que siente sin otra corazonada, más allá de la desconfianza, la compasión o rivalidad de los otros, teniendo solo magia, lo dicho, magia por hacerte a ti mismo, feliz.



Desolation Row


Por las aceras,
vendedores de naranjas sin origen
gritan al vaivén de bailarinas descalzas,
fumadores de papel de vida perdida,
almas fuertes que no fueron valientes,
sin mayor sentido
que caminar
a pesar de la infamia que cala los huesos
en el verano que diluvió estocadas
por las mejillas de niños irascibles.

Dulcinea piensa en una flor arrancada del pasado
fatiga que vence a la imaginación,
agujetas en las alas de paloma
sin la voluntad de Cristo,
calle de la Desolación
cuando la tristeza desnuda y abriga,
cuando los invisibles juegan al fútbol
entre nichos y farolas
que languidecen como el arte
de escuchar a las plañideras
frente algunos salvadores de ruinas,
tan necesarios como quien escupe al cielo.

En esta ciudad encantada
los muertos deambulan
tras la adicción por la que la felicidad
debiera ser
algo obligatorio.
La calle de la Desolación
es odiada porque dice las verdades que no se deben oír,
porque escucha los llantos de gente
con el alma a rebosar,
que no se debería de oír.

Lucha en carne viva,
títeres de la vergüenza
héroes de la sombra que se estrella contra el metal,
ladrones de besos,
curtidores que mordieron el anzuelo,
noches en vela
con la vela apagada
de quien ardía por amarte.

Desolation Row.


No mires atrás


No mires atrás;
quién no fue ceniza arrastrada tras el viento?
no mires atrás,
las lunas rotas de la vida
besan cristales de Bohemia
mientras sus labios sangran.
No mires a los ojos tristes de aquella persona
que te hizo sentir
tal vez porque viajó sin pasaporte
al país de los muertos que sueñan

con renacer.

(...)
No llores porque la vida pasa como un ciclón
dejando el Todo en nada.
Mañana cuando la filosofía de ser o tener
te arrastre,
no dejes de mirar aquello que te dieron
sin pedir a cambio más que fe
y tiempo para las heridas abiertas
en las horas donde las mariposas
ya dejaron de volar.
Y tú seguirás mirando atrás con las alas
del color de la vida?

No mires atrás.





Arde en mi interior


Arde en esta lluvia
de disparos que se dan por fuera
y queman el alma por dentro,
llueve en mi interior,
tristeza que fue dulzura
en otro siglo,
entre otras ropas,
en tus labios manchados de la nostalgia
que bailan hoy sin ganas de bailar.

Arde en mi interior
y lo peor es que aprendí
a ser agua
en la tempestad,
tristeza que emborrona
la letra,
salvaje terciopelo
que reta a la muerte
y vence a la luz que falta a tantos
faltos de Libertad.

Arde en esta lluvia
de dianas que son manos en lo alto,
de no tener más guarida que un suspiro al viento,
el pañuelo en la estación,
de querer ser alma
y huir de las sombras tan deprisa
que por otra sombra
me confunden.

Arde sin descanso en mi interior.