domingo, 10 de mayo de 2020
El mundo varado
Esa noche llovía, y las almas se estrellaban en el silencio de las calles.
Nada.
Un virus asoló países de Norte a Sur y sus gentes guardaban precauciones y miedos en el espejo de cada luna rota.
Llegaron los primeros rayos de luz de un nuevo mes y en los barrios de ceniza se tiñó la sombra de lo incierto.
Cada peatón invisible fue eco de un sol tenue; brisa de los meses cuando nadie pudo salir de sus casas. La sinrazón hecha monotonía se convirtió en el misterio de ciudades inhóspitas, cada vez menos nuestras. Aunque los ventanales quedaron suspendidos por el aplauso todos los días a las 20h de la tarde.
Los enfermeros y sanitarios se bautizaron con sus espadas y lanzas ante las yagas de la muerte que anhelaba brotar.
Las parejas distanciadas se escribían cartas con tinta del dibujo de sus labios. Los amigos no se abrazaban, y los ancianos rezaban que antes de que cualquier pandemia alertase a sus pulmones, la vida les permitiese volver a ver a sus nietos.
El mundo era ese aire helado que de boca en boca un virus congelaba en el tiempo y el lugar a las tiendas, los bares y todos los encuentros. Lo que fuimos.
Éramos pequeños tú y yo, el miedo voraz abanicaba nubes negras, como alas de murciélago, como distorsión sonora. Otra noche como aquella, dejó de llover.
Sin saber cómo, un amanecer nos fuimos levantando poco a poco para que alguna vez llegásemos a contar que el mundo quedó varado en nuestro horizonte. Que el mundo quedo vaciado en un grito silencioso tan separados y unidos todos ante lo inabarcable.
jueves, 19 de marzo de 2020
Ahora
Todo es un espejismo,
un laberinto estrecho a la cordura,
ahora es el hoy del pasado
cuando desfila un ejército
en los arrabales de la luna.
...
Virus
Era
el 14 de marzo de 2020, las calles estaban vacías, las tiendas
cerradas, la gente ya no salia. Pero la primavera no sabía nada. Y
las flores comenzaron a florecer, y el sol a brillar, y las
golondrinas regresaron. Estaba oscureciendo más tarde y las luces
entraron temprano a través de las ventanas entreabiertas. Era el 14
de marzo de 2020 y los niños estudiaban desde sus casas. Era el año
en que solo podías salir a comprar y a la farmacia porque cerraban
todo, incluso las oficinas. El ejército comenzaba a proteger las
salidas y las fronteras porque no había lugar para todos en los
hospitales y la gente enfermaba. Era el 14 de marzo de 2020 y todos
fueron recluidos en sus casas : abuelos, familias e incluso jóvenes.
Entonces el miedo se hizo real, y todos los días parecían iguales.
Pero la primavera no lo sabía y las rosas volvieron a florecer. Hubo
quienes se convirtieron en médicos para ayudar a cualquiera que lo
necesitara. Fue el año en que se entendió la importancia de la
verdadera salud y de los afectos, el año en que el mundo pareció
detenerse y la economía se desplomó. Pero la primavera no lo sabía
y las flores dieron paso a las frutas. Y luego llegó el día de la
liberación la emergencia había terminado y el virus había perdido
... Que todos juntos habíamos ganado. Y luego salimos a la calle,
con lágrimas en los ojos sin máscaras y guantes abrazando a nuestro
vecino como si fuera nuestro hermano. Y fue entonces cuando llegó el
verano, porque la primavera no lo sabía y había seguido allí ... A
pesar de todo A pesar del virus A pesar del miedo.... Porque la
primavera no lo sabía y les enseñó a todos el poder de la vida.
(Desconozco
autoría)
El amor en los tiempos del cólera
Acuartelada la libertad de casi todos,
el amor en los tiempos del cólera
es el abrazo invisible de las ciudades fantasmas,
de la confusión sin medida.
Allí donde nace el gusano de la duda
a las 20h de la tarde un vendaval
de aplausos adornan edificios sin tabiques
por aquellos que se encargan de cuidar
las yagas latentes de las heridas.
El amor en los tiempos del cólera
es el baile de dos que nadie ve,
música perenne en las antorchas rotas
es sentir como un dios va, caprichoso,
jugando con Estados sin bandera
allende mares.
Allí donde se infesta el aliento de cada boca,
nebulosa de respiración entrecortada,
nuevos tiempos,
en los que se quiebran economías
hasta que la humanidad se toque de nuevo.
En la incertidumbre de los tiempos de cólera.
lunes, 16 de marzo de 2020
Cuando llegue
Cuando llegues,
deja las llaves en la puerta,
sírvete un vaso de vino,
y espera entre brumas y amaneceres
que caiga el reloj a mi lado,
que llegaré.
Tantas muertes no han sido capaces
de condenar a este condenado.
Cuando llegue,
ten la calle poblada y desierta la ira,
mantén los brazos alzados
en tuyo mío
edredones de piel.
Corona
Amenaza un gigante en mi boca,
maltrecha por el virus del mundo,
la soledad no tiene guarida
cuando estar aislado
es la proyección de uno mismo.
Tiempos extraños,
cobijados en el viaje y en el regreso,
en el amor inacabado,
abrazos que se perpetúan
pero nunca se darán.
Amenaza un gigante en mis manos,
millares de células
y una diana dispuesta,
no queda más que el azar
que se cruza en mi camino.
(No fuiste tú, Corona tal vez no avise)
domingo, 16 de febrero de 2020
Las cosas no dichas
En el paraíso de las cosas no dichas,
se pierden preguntas lejanas,
arde la llama de la desdicha,
y en cada boca se infesta la duda
tras mi ventana.
En el desierto de las cosas no dichas,
la muerte atenaza la espera,
llueven soles de melancolía,
y la mitad del corazón
es un roto que ningún hilo enebra.
En el océano de las cosas no dichas,
tú y yo nos quedamos maniatados.
Por el lunar de tu cara
yace un signo de interrogación,
ya no queda mayor desengaño
que el viaje que nunca hicimos los dos.
Por el sendero de las cosas no dichas.
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