El té enfría el alma de las cosas pequeñas,
juego de azar en un destino pactado,
coincidencia de verte en mi sueños pasados,
cuando arde la luz en una hoguera sin leña.
Se rompe el cielo al verte llorar,
tenemos un universo en el color de los ojos,
y el hueco de mi guitarra es como el rastrojo
del vacío que guardo en el alma al soñar.
El arte ha llenado el eco circular de mi vida
se pasa el tiempo y todo es eterno
cuando no queda más que este enero
de música silenciosa, encuentros y huidas.
Nunca sabremos lo que hemos dejado en la vía
abandonados al abandono, y la soledad
envejece el cielo y se agrieta la edad,
de mi pluma que llora por tanta paz, o tiranía.
Y ahora que somos adultos, que el frío quema,
calla la vida con promesas que no cumpliremos
como Caronte en crucero sin brazos ni remos,
la fe se acaba y comienza un carrusel de penas.
Promesas.