sábado, 14 de enero de 2017

Poeta escarlata


Bramidos;
espadas tintineando,
ríos de lava en mares de azufre,
muerte que persigue
la constelación de un rayo,
vida que termina
donde empieza

tu suspiro atroz.

Reloj que anuncia vida
o amenaza muerte.
Tic                    Tac
Tic                    Tac
Tic                    Tac

La hiel del amor
que por tus labios, mujer,
se destila,
es una cruzada del destino
o la casualidad,
nido de gorriones sin alas,
ahorcado que asesina
como venganza por ser objeto de lucifer
y la punza de su tridente.

Mujer,
que viniste de los Andes,
llena de flores y espinas
el luto de los poetas muertos! (...)

¿Arrogancia, vanidad?

No señor, no,
coraje de llamar al viento aire,
de ser dueña de la voz
antes de que el desierto
de la voz se adueñe,
es verte
rezando en Kafcafé
por las vírgenes que fueron amputadas
a manos de sus hijos mancos,
es Jerusalén en llamas,

es Santiago con tu fuego.

La lluvia era oro
pero la muerte no perdona.

Equidistancia del beso
que se pudrió entre tantas mejillas,
de los trenes que se perdieron,
de los viajeros que no embarcaron,
del vomito celeste
de quien te amó,
de tu piel escarlata y huérfana,
y nos sintamos
reyes o miseria
en lo que dura este juego
que viene y va
que va y viene

(llamado respirar)

En el parnaso
hay tréboles de hojas invisibles,
arañazos en la frente,
mortaja del alma,
tu poesía,
poeta que te enconas
en el néctar luminoso
alrededor de templos de la usura,
es abismo de escenario,
aullido de loba herida,
pétalo de la flor que escondes
brillando en el sol;
languideciéndose
tras
la
Oscuridad.


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