He luchado por la felicidad
y entendí que en mi interior hay un jardín
de espinas entre rosas,
comprendí que el tiempo
es el mundo a través de llanto y tanto ruido.
Luché por un planeta mejor
y todo lo que mis manos creyeron alcanzar
fue el tránsito de esa luz hecha noche
inquietud hecha esperanza
como forma de vida.
Luché en silencio por tu risa,
pero quizá alguien en ese extravío
de miradas cruzadas
te desvistió.
Los gigantes no cayeron y el Imperialismo
seguía haciendo añicos los sueños de la gente
dulcemente dormida,
consciencia de besarte y que tú nunca
cerrases ojos.
He luchado por la paz
pero el mundo es egoísmo y barbarie también,
la muerte nos hace iguales,
injustamente iguales,
el compartir el cielo con quién nunca osó
fortalecer este abrazo,
esta lira invisible y humana,
al final todos somos buenos
hasta que la misma bondad se convierte
en terapia o negocio.
Caí en la locura,
y esa fue mi victoria,
entender por qué y cuándo
un hombre se hace fuerte en los caminos
no andados,
viajé de tus labios al infierno;
como desconsuelo y victoria a la vez;
el hacer poesía
y resurgir de las sombras del espíritu
para alzarme desde lo más bajo
hasta lejos de la ceguera
donde podría verte llegar.
Y resurgir, tras resurgir
cómo amar después del amor.

