Mi juventud sigue desperdigada en la sede del Partido Comunista del Puerto de Sagunto, en una bicicleta como armadura de caballero de seda, mi juventud fue abortada por tanta incomprensión que ni tanto dolor pudo protegerme, en cambio, de ser el Elegido, uno más de los elegidos.
Ahora que la vida se cuenta para atrás, hago balance, a mí que de tan feliz, me robaron la felicidad o fui yo mismo que no acepté el chantaje de crecer como aquellos idiotas, la locura tocó a mi puerta y le abrí, pero sin dejar pasar a la muerte.
Hago balance como quien roba naranjas y está bendecido.
Como quien sabe más que el crupier de las cartas de Cupido.
Destino errante en la piel de los mártires que encarna mi fantasía.
Mi juventud sigue en Nova Canet, y en el Instituto de La Laboral, entre gente que me odiaba porque yo sabía de qué trataba aquello de soñar aunque me durmiese en los funerales que me vaticinaba vivir tan deprisa.
Te quiero mamá, mi buena estrella, mi hermano y también papá, soy hijo de la libertad y el arte mi bandera.
Mi juventud sigue escalando L'Oronet y agazapada en barrio Baladre, tan pobre que todo era mío, y ella haciendo oídos sordos a la vida, drogándose, tal vez, pues el cariño fue adictivo y la psicosis su bálsamo.
Hice balance.
Hoy a volver a creer en las revoluciones.