El sol de invierno
late en mi piel,
esperando a que se arrepientan
las mujeres que me odiaron,
me dieron las 7 de la mañana
escribiendo
tras la ceremonia de la seducción
y en resumen,
se acabo, lo que se daba.
La respiración de un alma
hecha carne,
toca el cristal
que confunde los sueños con la realidad,
soy nómada,
soy viajero
de un río sin caudal
de este carnaval de ideas
que no me atrevo a confesártelas
al oído.
La luna de verano
tiene la redondez de mis ojos
cerrados,
y te veo muchacha que se aferra a un clavo
para no quemarse con la vida
porque todo es hipocresía,
y llegará el otoño
tan pronto como la primavera
encontrándonos desnudos
al alba.

