miércoles, 14 de enero de 2015

Hay un país llamado Desamor.


Quisiera
que se abriese el sol
en sus labios cada noche,
para entender que amanece…

en un país llamado Soledad.


Y por las avenidas,
el animal que encarna nuestra alma
aúlla tras abrazos sin respuesta.

Si es que existe un país llamado Isla,
será que se esconden las balas
a través del grito oscuro
de quien desdibujó la luz,
mujeres maltratadas
y arrebatos de crímenes inocentes
que fueron bautizados tras la negra marea
de la batalla en la calle.

Hay un país llamado Desamor,
aunque la gente dice que eso fue invento
de una hechicera;
país de muertos,
país de guerras
y madres que recogen 
de algunos francotiradores de nubes opacas
la rabia encañonada por sus cinturas.

Creo que en lo que llevamos de poema
hay doscientos catorce muertos
sin derecho de admisión
en este momento.

Hay un país llamado Hambre
en el que no se permite
la devolución del pasaporte
y mendigar clemencia
es el títere favorito del Ministro.

Hay un país llamado Usura,
flor de quimera donde los ciudadanos son súbditos;

militares que teclean la ley con pasamontañas
y niños trabajando entre el barro,
barro más limpio que el que maldices
debajo de tu coche tras un mal día.

Hay un país llamado Cansancio
donde sus habitantes
trepan por escaleras al cielo,
cortinas de humo y suicidio
que se masturba soñando con tus dedos,
hay un país de marginados
a los se les llaman violentos,
porque al arrojar tu intolerancia,
ellos no saben cómo se podrán defender.

Pero aun así, si lo piensas, el único país que hay
en realidad,
no existe.

1 comentario:

Amandine morlet-poirette dijo...

Que lindo texto... Muyyy bien dicho! gracias!!!